Las peleas de toros de la llamada Ciudad Blanca son únicas en el mundo,
aunque esta verdad no influye mayormente en el espíritu de quienes se
deleitan con su realización, sirven sin embargo de un gran estímulo para
cada día mejorar su programación. Nació esta fiesta de la manera más
espontánea, de los hombres laboriosos, de su campiña hermosa y otrora vasta,
fecunda, lozana. Los campesinos solían recurrir a ella para alternar sus
largos días de agotadoras faenas de labranza con horas de emoción y euforia.